viernes, 19 de enero de 2018

Revoltijo de escamas (Back to Kruger, VI)

 "¡Adiós, que me voy!" No es que esta tortuga de Speke Kinixys spekii que vimos nada más entrar al Parque se alejase muy deprisa de nosotros, pero la imposibilidad de bajar del coche hizo que tengáis ahora que contentaros con verla de espaldas. En el Kruger en julio vi por vez primera una tortuga terrestre en Sudáfrica, el país con más especies del mundo. Era una tortuga leopardo, y desde entonces la habéis visto asomar la cabeza fuera del caparazón por aquí más de una vez; pero todavía ha sido esta de Speke la segunda especie que veo. Las Kinixys se conocen con el nombre genérico en inglés de "tortugas bisagra". Como no se aprecia apenas en la foto mirad esta otra: el último tercio del caparazón, justo por delante de las patas traseras, tiene una zona de flexión, que permite a la tortuga, tras retraerse, cerrar la abertura trasera, para mayor seguridad.

 Pero vamos con los escincos, que como ya os contaba en julio, son los lagartos más abundantes del Parque. Repito en esta las tres especies de aquella entrada, me temo, pero es que son bichos muy bonitos; ved si no este Trachylepis varia, qué elegante, con esas estrías y puntitos blancos.

 Pude esta vez al menos sacar fotos de los T. margaritifer, los lagartos que todo el mundo que visita el Parque recuerda, por lo llamativo de su diseño a bandas negras y crema y la cola azul celeste.

 Pero ya sabéis que ese es solo el diseño de los juveniles y las hembras: los machos adultos como este, como veis, no se les parecen en nada.

 En algunos campamentos del Kruger los T. margaritifer se pasean entre las mesas de las cafeterías, a la espera de que les caiga algo, pero los que fotografié arriba, en el recinto de los rinocerontes donde íbamos a anillar, eran de lo más tímido. No así el T. striata de esta foto, mi vecino de bungalow, que salía sonriendo a mirarme cada vez que me sentaba fuera a comer o a tomar el aire.

 Y un día lo sorprendí haciendo lo propio: escuché un rebullir entre la hojarasca y apareció mi colega con este saltamontes en la boca, al que su aspecto de palo no lo camufló lo suficiente. le llevó un buen rato de sacudidas rematarlo y tragárselo, pero al final se fue el saltamontes gaznate abajo: a la vista de la panza que se gasta, mi amigo el escinco parece tener buenas tragaderas...

 Otro lagarto muy recordado por los visitantes que lo ven suele ser este: el agama de cabeza azul Acanthocercus atricollis, un lagarto arborícola que, como casi todos los agamas, se alimenta sobre todo de hormigas y termitas. Y digo que es un animal muy recordado porque, aunque el macho de la foto no había desarrollado aún su coloración de cortejo (¿o ya se le habría pasado?), en el momento álgido son bichos espectaculares, y de nombre por lo demás bien merecido.

Una hembra, menos llamativa, pero nada fea ni mucho menos. Y que además me dejó acercarme mucho, para que le hiciese mil fotos de carnet que tampoco os voy a poner aquí. Bueno, tal vez en otra entrada...

miércoles, 17 de enero de 2018

A la vera del agua (Back to Kruger, V)

 Lake Panic: en la otra foto que os puse en su día del mismo apenas sí se veía nada. Es un sitio con fama de ser muy bueno para las aves acuáticas dentro del Parque, pero como nosotros nos acercamos siempre ya al caer el sol,pues eso que me pierdo. Aunque un día en que llegamos algo antes sí pude ver (que no fotografiar) algunas especies nuevas a las que tenía muchas ganas, como la jacana africana, una limícola que, más que por el limo, camina sobre las hojas de los nenúfares; o el martín pescador pío, de gran tamaño y que suele cernirse en el aire para pescar.

 Al tenerlas más cerca, sí pude sacar algunas fotos decentes a las libélulas, como estas Brachythemis leucosticta, macho y hembra. Las Brachythemis en inglés se conocen genéricamente como "groundlings", "terrestrícolas", en alusión a que suelen posarse sobre el suelo en vez de sobre la vegetación. Las libélulas nos ayudaban en lo que podían a mantener los mosquitos a raya...

 ... y a su vez servían de cena a este alcaudón chico Lanius minor (joven; los adultos tienen la frente negra) que por allí andaba también. Me hizo mucha ilusión ver este bicho, que viene aquí a Sudáfrica a pasar el invierno/verano, pues ya en su día os relaté cómo fue la única vez que lo había visto, en la última localidad española de esta especie que, aunque aún es relativamente abundante en Europa del este, está prácticamente extinta en nuestro país.

 Más agua: el río Sabi, principal curso de agua del sur del Parque, que discurre junto a una amplia veranda del campamento de Skukuza. A pesar de que fuimos al inicio de la estación de lluvias, y aunque como os dije el parque se veía muy verde y lozano, lo cierto es que apenas sí había empezado a llover, y el río no llevaba mucha más agua que cuando vinimos en julio.

 Desde esa veranda que os comento hay gente que ha visto leones derribar a sus presas a escasos metros de la mesa del restaurante donde están sentados, cerveza en mano. No tuve yo tanta puntería, pero sí la fortuna de apareciese en ese momento un gran grupo mixto de estrildas comunes (o picos de coral Estrilda astrild) y preciosos capuchinos bicolores Spermestes bicolor (aunque los sudafricanos sean "tricolores", no como los de más al norte), nuevos para mí. Estríldidos los dos: potenciales huéspedes de los polluelos de la viuda que os enseñé ayer.

 Una tortuga Pelusios sinuatus a la que descubrimos tomando el sol y fotografiamos directamente desde el coche; como veis, muy alterada ante nuestra presencia no se la ve... Esta tortuga pertenece al grupo de los Pleurodira, que agrupa varias familias de galápagos tropicales que, en vez de retraer la cabeza en el caparazón entre las patas delanteras como hacen la gran mayoría de las tortugas (los Cryptodira), lo que hacen es doblar el cuello de lado sobre la pata derecha.

 Y bueno, la tortuga era bonita, pero este bicho era espectacular: metro y pico de varano del Nilo Varanus niloticus del que también pudimos disfrutar largo y tendido desde dentro del coche.

El bicho, además de impresionante, era espabilado: estaba destripando las boñigas de elefante para alimentarse de los escarabajos peloteros que se creían muy invisibles y seguros allí metidos. Fue sin duda el lagarto más grande  de los que vimos a lo largo de la semana de muestreo (bueno, y el más grande que haya visto yo alguna vez), pero en absoluto el único. Ya en la siguiente entrada nos ocuparemos largo y tendido de las escamas...

martes, 16 de enero de 2018

Junto a la mesa de trabajo (Back to Kruger, IV)

Un milpiés pigmeo...
 Os he estado diciendo en las entradas anteriores que "si no vimos muchos bichos durante el muestreo, fue porque estuvimos mucho tiempo anillando", pero bueno, eso no quita para que, en el proceso, sí que se dejasen ver muchos bichos curiosos, tanto los que cayeron en las redes como los que sin más se dejaron caer por allí...

 Una red que colocamos "por entretenernos": para coger más tipos de aves de los que cayesen en las redes que pusimos para los picabueyes y que no os puedo enseñar porque de los cercados de los rinocerontes no podíamos hacer fotos. De todas maneras, el trabajo fue mucho más entretenido y fructífero que en julio: de aquellas habíamos cogido solo ocho o nueve picabueyes y decenas y decenas de tórtolas, que nos dieron mucho trabajo. En esta ocasión cogimos menos aves, las suficientes como para estar entretenidos, pero muchos más picabueyes, más de veinte; y las otras especies, de lo más variado.

 De todas maneras las fotografías de aves en mano siempre son así más tristes, por lo que os pongo unos cuantos retratos "del natural", de unas pocas de las especies que nos hacían compañía a lo largo de la mañana. Los abejarucos frentiblancos Merops bullockoides, algo más pequeños y menos coloridos que los europeos, pero igualmente muy bonitos, son sedentarios y los vimos ya en julio...

 ... al contrario que los abejarucos carmesíes sureños Merops nubicoides, que pasan el invierno algo más al norte y acababan de llegar al Kruger a la par que nosotros. No hace falta que os comente qué espectaculares son estos bichos, con la mezcla de turquesa y carmín  esas colas infinitas.

 Pero que un pájaro no sea llamativo no quiere decir que no sea también bonito o curioso, al menos de nombre: el nombre científico del bulbul de Zanzíbar, Andropadus importunus, significa "que sigue al hombre y lo molesta", y hace referencia a que estas aves, como los arrendajos en Europa, tienen la costumbre de delatar la presencia de los depredadores (o de los cazadores que igualmente intentan acechar algún antílope) reclamando insistentemente junto a ellos. Este que teníamos al lado se contentó con comer bayas en un arbusto, haciendo caso omiso de nosotros.

 Un toco piquigualdo sureño Tockus leucomelas, el cálao que más estoy viendo por Sudáfrica adelante. Este de la foto se dedicaba a, en precario equilibrio, ir sacando araña tras araña de entre los resquicios de la verja metálica en que lo veis.... no sé yo si le compensaría el esfuerzo; ya podrían ser sabrosas.

Y cierro ya esta entrada con un ave que ya hace meses os dije que tenía muchas ganas de ver, por lo que podéis imaginar que me hizo especial ilusión verla en directo: efectivamente, la viuda colicinta Vidua macroura resultó ser tan espectacular como me la esperaba, diminuta y de cola absurdamente larga. incluso la hembra que aparece en segundo plano me hizo gracia. Allí estaban alimentándose los dos, entre las briznas de heno de los rinocerontes, buscando semilla de una forma muy curiosa: dando pequeños saltitos acompañados de "coces" hacia atrás con ambas patas, para remover el terreno. Un encanto de bicho...

lunes, 15 de enero de 2018

Alas sobre el Parque (Back to Kruger, III)

 ¿No pretenderíais que dedicase muchas más entradas sobre el Kruger a los mamíferos, no? Que, a fin de cuentas, dan para lo que dan... pero os tengo una sorpresilla guardada. Al Kruger subimos en coche los tres estudiantes y yo, y mi jefe llegó al día siguiente en avión, pues tenía asuntos que resolver en Bloemfontein el día de nuestro viaje. Total, que fuimos a esperarlo al minúsculo aeropuerto de Skukuza, donde desembarcan desde Johanesburgo directamente dentro del parque los turistas con más posibles. Es una estructura de techos altos de paja y abierta, prácticamente sin paredes, y en lo más alto de algunas alas del aeropuerto, me llamaron la atención unas cosas que colgaban de techo...

 ... y que resultaron ser, para mi tremenda alegría, pequeños grupos de zorros voladores de Wahlberg Epomophorus wahlbergi, la más común en Sudáfrica de las múltiples especies de zorro volador de charretera, así llamados por dos penachos blancos que tienen los machos en los hombros (distintos de esos pequeños puntos blancos de la base de las orejas tan llamativos). Los murciélagos se dividen en dos grandes ramas: los microquirópteros (pequeños, insectívoros, que se mueven usando ecolocalización), los propios de las regiones templadas, y los macroquirópteros, o zorros voladores, de cabeza perruna, que se alimentan de fruta y viven en zonas tropicales. Y aunque el de Wahlberg, del tamaño de un mirlo, no es que sea muy macro, sí es el primero que veo de este grupo.

 Pero vamos ya con los pajarillos, que sé que los echabais de menos: empezando por una eremomela cuellirufa Eremomela usticollis; nunca me cansaré de daros las gracias por lo mucho que, con la cámara de fotos, me habéis ayudado a identificar todo este montón de LBJ que tenemos en Sudáfrica.... si ahora os mortifica ver tantas fotos insulsas en el blog, la culpa es vuestra. Este pariente de los buitrones era solo una de las muchas especies cuyas voces amenizaban la estancia en el campamento, y cuyos cantos para mi desgracia olvido a los diez minutos de haber dejado atrás el Kruger...

 ¿Y esa bola blanca, qué es? Pues un macho de cubla dorsinegra Dryoscopus cubla exhibiéndose ante la hembra de la rama de arriba. "Dorsinegro" lo es cuando está relajado, pero durante el cortejo vuelve del revés todas las plumas y se convierte en una esfera de plumón níveo... la transformación vista en directo es bastante espectacular.

 Un toco coronado Lophoceros alboterminatus, un cálao que se mueve por zonas de arbolado más cerrado que los otros tocos del Parque y cuya vocecilla, que me suena ridículamente aguda para lo grande que es el bicho, nos acompañaba con frecuencia durante las sesiones de anillamiento.

 Un vinago africano oriental Treron delalandii: una paloma frugívora, como los zorros voladores, que posada en un cable no pasa nada desapercibida, pero cuyos tonos verdes la hacen desaparecer una vez se mete entre el follaje.

 Esta bonita cosifa de Heuglin Cossypha heuglini se paseaba por el césped del campamento a escasos metros de la mesa donde estaba yo comiendo muy mosqueada, pues escuchaba igual que yo retumbar a apenas unos metros el canto de su archienemigo el cuco solitario, que suele parasitar varias especies de cosifa. Algo mas tarde, de hecho, se armó algo de barullo entre la maleza, cuando una pareja de cosifas se empezó a dar de leches con un cuco que, supongo, hizo el intento de acercarse a su nido...

 Otro cantante: un sisón moñudo austral Lophotis ruficrista al que sorprendimos en plena serenata, lo que me permitió descubrir de dónde le venía lo de "ruficrista" pues ese penacho de la nuca no se les nota en absoluto cuando están relajados.

Y termino ya con la que os dije hace poco que era mi nueva ave sudafricana favorita: la golondrina abisinia Cecropis abyssinica, pariente de nuestras golondrinas dáuricas y constructora como ella  y las demás del género, de nidos en forma de botella. Allí estaban estas dos, asentadas en el techo de los baños de un picnic y ajenas a la procesión de carnes apuradas de todos los colores que pasaban por debajo mirando con recelo mi cámara de fotos. Como si no tuviese yo mejores cosas que retratar...

domingo, 14 de enero de 2018

Verde primaveral (Back to Kruger, II)

El campamento: nuestros bungalows y nuestros dos coches
Han pasado ya dos meses desde que volví del segundo muestreo en el Kruger, y desde que empecé la que sería la primera entrada de esta nueva serie, ¡anda que no me he liado con otras cosas entremedias!

 Como os decía en aquella entrada, como estuvimos casi todo el tiempo anillando, pues apenas nos movimos por el Parque, de modo que la cantidad de bichos observados fue mucho menor que en julio. Por eso y porque, siendo ya primavera, la vegetación recupera sus hojas y se vuelve mucho más densa, y a nada que los bichos estén algo separados de la carretera pues resulta imposible verlos.

 Llamaba la atención,la verdad, la (solo en apariencia) baja densidad de bichos. Y de gente también, lejos de las aglutinaciones del invierno/vuestro verano, en que todo el hemisferio norte viene aquí de vacaciones; esa tranquilidad en las carreteras y en los sitios de picnic, sí era muy de agradecer. Y verlo todo tan verde, tras el agostamiento invernal (recordad que aquí la estación de lluvias es el verano).

 En la hierba verde de un campamento triscaba esta abubilla Upupa (epops) africana; pero no os preocupéis que no voy a empezar a torturaros con pájaros ya desde el principio. La pongo, antes de que se me olvide, para que la comparéis con la que os puse a primeros de mes fotografiada en Madrid, para que veáis que el color de las abubillas africanas es mucho más saturado que el de las europeas.

 Pero ea, ya os pongo algo de pelo, para que no desesperéis: empiezo con un(a) kudu Tragelaphus strepsiceros, el antílope grande mas común del Kruger, que no solo forma parte del menú de los grandes depredadores locales, sino también del de muchos de los restaurantes, igual que la carne de ciervo empieza a abundar en las cartas cuanto más se desplaza uno hacia el sur de España...

 Pero me pareció que, más que una foto del menú, os gustaría ver una foto del comensal: en realidad este leopardo Panthera pardus fue el único depredador que vimos en toda la semana (junto con un par de hienas manchadas), pero vaya, no me quejo: mucho más vistoso que los aburridos leones. Además que en ese momento íbamos en el coche solo Elise y yo, y a la chica le hizo una ilusión enorme verlo: es de familia afrikáner típica, de las que adoran la naturaleza y visitan con frecuencia este y otras muchas de las reservas del país; pero nunca habían tenido la suerte de cruzarse en directo con este bicho.

 Más pienso para leones: un par de cebras comunes Equus quagga, que siempre lucen mucho...

 ... y un par de rinocerontes blancos Ceratotherium simum, que salían de entre los arbustos a pastar un día en que la caída del sol nos pilló aún dando vueltas con el coche, acelerando para llegar antes de que nos cerrasen las puertas. Los rinocerontes no tienen mucho que temer de los leones, la verdad, pero sí de los humanos: acaba de aparecer un estudio sobre el estado de conservación de las dos especies de rinoceronte africano en Sudáfrica que, entre otras cosas, muestra cómo entro del Parque el nivel de furtivismo iguala al de nacimientos, por lo que el crecimiento poblacional se mantiene estancado.

Y cierro ya esta entrada con el "regalo" que, en el trascurso del mismo recorrido, me hizo Elise por haber descubierto yo el leopardo: fue ella la que me señaló esta maravilla, el antílope africano que me parece más bonito y más ganas tenía de ver: un tremendo antílope sable Hippotragus niger. Otro animal que hace que los leones se lo piensen dos veces antes de atacar, pues aparentemente es de los antílopes más echados p'alante y que mejor saben usar sus cuernos como cimitarras, no solo en ataques frontales, sino también para ensartar al que lo ataque desde atrás, dando un cabezazo contra el lomo. Pero es en todo caso otro bicho que anda de capa caída, no por el furtivismo esta vez, sino porque aparentemente el hábitat del Parque se ha vuelto peor para ellos tras varias décadas de sequías recurrentes. Tanto más motivo para alegrarme de haberlo visto, vaya... aunque no tenga plumas.

jueves, 11 de enero de 2018

Pescadores de la pradera

 Los quehaceres navideños han echo que se retrase un poco la salida del número de enero de EMNMM, pero ya lo tenéis colgado; espero que os guste, en general y mi artículo de dentro. Trata sobre uno de los pescadores más conspicuos del periodo invernal, y me gustó ver que la portada del número traía ilustrado otro pescador, uno de esos rapes abisales que parecen venidos de otro planeta. El pescado de la portada, en todo caso, tiene algo de elaboración a cuestas: es como tantas otras veces una ilustración de Jaime de la Torre, un chaval pacense la mar de majo que tuve el gusto de conocer hace nada, al quedar con Ramón (el ideólogo de todo esto) para tomar algo ahora en Navidad. Lo menciono porque me gustaría enlazaros su galería, ya que siempre me quedo pasmado ante la habilidad del chico con las técnicas más diversas; incluso dibujando a bolígrafo, donde yo no consigo más que mancharme las manos, él va y se saca de la chistera cosas alucinantes. Echadle un ojo, que no tiene desperdicio...


miércoles, 10 de enero de 2018

Bailar con la más fea

Pretendía hacerme eco el lunes aquí de cierto aniversario, pero problemas tanto técnicos como administrativos me dejaron sin Internet en casa y en la facultad… menos mal que tenía varias cosas descargadas para no aburrirme. Bueno, y algo de curro, también. El caso es que, a lo tonto a lo tonto, se cumplieron diez años desde que, un martes de 2008, empecé oficialmente la tesis, volviendo a la Facultad a comenzar los cursos de doctorado tras mi paréntesis en Mallorca. De aquellas no comenté mucho más de ese día en esta web; me pillaba muy verde, supongo, con la idea de que “a ver qué tal se nos dan estos cuatro -je- añitos…”. Diez años más tarde, me pilla esta fecha un tanto de vuelta de todo. Un tanto desanimado, un tanto escéptico ante la perspectiva de llegar a conseguir alguna vez un puesto de profesor de vuelta en España, un tanto quemado de tanto hacer papeles y más papeles, de ir mendigando dinero de puerta en puerta, de intentar hacer ojos sordos a las caras de “este chico, con lo listo que era y cómo se está echando a perder…” que me llegan más de una vez de donde menos querría… pero, con todo y con eso, contento y no de esperanza falto. Contento de estar mucho, muchísimo mejor de lo que me las prometía hace apenas un par de años. Contento porque, a fin de cuentas y pese a todo lo malo que he ido descubriendo con el tiempo, estoy pudiendo vivir la vida que he escogido, que ya es mucho. Contento de tener aún el ánimo suficiente para seguir en la lucha…

domingo, 7 de enero de 2018

Piet my vrou!

Fin de semana en Bloemfontein, tranquilo, que no aburrido (aunque poco le falte...): la ciudad se nota aún muy vacía, y el campus todavía más; a ver si mañana ya empieza a haber más movimiento...

Me recuerda en todo caso un pajarillo fuera de la ventana que aunque no me pase nada reseñable estos días, no me faltan cosas que contaros, pues estoy pendiente de contaros prácticamente todo acerca de la última vez que fuimos al Kruger. Se me hace bastante apetecible ahora mismo estar de vuelta allí... El pajarete en cuestión es uno de los bulbules encapuchados que tanto abundan por aquí, pero si me ha hecho acordarme del Kruger es porque está haciendo una imitación bastante buena del canto del cuco solitario Cuculus solitarius...

(Que no es que los demás cucos sean especialmente sociables y gregarios, pero bueno). Me taché este bicho con todas las de la ley (ya veis la foto, y los cucos no suelen dejarse ver muy bien) en nuestra última visita al Parque; pero lo que es más importante, aprendí a identificarlo de oídas, que con muchas aves (y aquí, más) es la mejor forma de hacerlo. Como tantos otros cucos, tiene un canto repetitivo y contundente, fácil de memorizar (para mí, y aparentemente también para los bulbules encapuchados). El canto se transcribe, en las guías de aves y en los parvularios locales, con la frase en afrikáans que da título a esta entrada, que significa una cosa tan tonta como "¡Pedro mi marido!". A lo mejor mi vecino bulbul no es que esté imitando al cuco, sino que sabe hablar afrikáans y tiene ganas de decir justamente eso... se lo preguntaré si alguna vez me entero de que también habla español.

viernes, 5 de enero de 2018

Reencuentro con Bloemfontein

En Madrid el 23 de diciembre temía que llegase este día, el de volver a Sudáfrica: me lo estaba pasando demasiado bien, y tenía miedo de que por comparación esto se me hiciese demasiado cuesta arriba... menos mal que entremedias pasé una semana en Orense y enfermo, y en comparación pues oye, en Bloemfontein, sano y en verano tampoco se está tan mal... Como quiera que alguna escala entre aviones fue un poco justa, temí que mi maleta se quedase otra vez por el camino, pero esta tarde, 22 horas más tarde de haber salido, entraba por la puerta de casa sin mayor novedad. De vuelta a un Bloemfontein  sorprendentemente vacío. Una ciudad de mediodías abrasadores y noches frescas, de zapatos permanentemente sucios de polvo rojizo, de tejedores, hadadas y avefrías que se escuchan por todas las esquinas y a través de las ventanas cerradas... De vuelta a una ciudad donde habrá que trabajar con más ahínco que antes de las vacaciones, si quiero poder decirme que, al menos yo, he puesto toda la carne en el asador: como les gusta aquí, barbacoa tras barbacoa. A ver si me suben los papers tanto como el colesterol...

jueves, 4 de enero de 2018

Despedida de Madrid

Amanece ya el día en que me toca hacer la maleta (cosa que debería estar haciendo ahora mismo) e iniciar mi viaje de regreso al verano austral (pensarlo así, en términos de "¡sol, yuju!", lo hace más fácil...). Estos dos últimos días en Madrid he parado bastante poco, yendo de un lado a otro para ver agente y acumular también estampas mentales de la ciudad.

De la misma manera que hiciera el año pasado con Raquel, bajé ayer a darme un largo paseo junto al Manzanares con Al, venido él también por Navidad desde el sur, desde Bolivia, donde lleva ya casi cuatro años. Por el césped nos acompañaban las avecillas venidas ellas del norte, como este petirrojo Erithacus rubecula.

Esta abubilla Upupa epops no sé si vendría de más al norte o no: aunque muchas pasan a África en Invierno, son también legión las que se quedan en la Península. Y además son cada vez más frecuentes en zonas urbanas, o al menos dentro de Madrid ciudad. También en Bloemfontein, aunque las avefrías africanas (separadas a veces como especie distinta) tienen un tono de naranja mucho más intenso que las de aquí, como de ladrillo...

... más como el de la espalda de este macho de cernícalo vulgar Falco tinnunculus que nos vigilaba desde lo alto de un árbol. También los cernícalos vulgares subsaharianos se separan a veces como especie distinta: son de tonos más herrumbrosos, y el plumaje de las hembras se asemeja mucho al de los machos, pues tienen también la cabeza azulada y no rojiza.

Baja ya desde hace cerca de dos años el río con la poca profundidad de agua que le corresponde, desde que comenzó el proceso de renaturalización del mismo  tras abrirse de forma permanente las compuertas que antes lo represaban en una sucesión de pozas estancadas. La propia dinámica de arrastre de sedimentos va dejando a lo largo del cauce canales más abiertos y bancos emergidos donde se asienta la vegetación ya de forma decidida. En las masas más grandes como la de la imagen ha comenzado además la plantación de sauces y chopos, que empiecen a darle más volumen a la vegetación.

En uno de los bancos de arena reposaba esta garceta común Egretta garzetta, una de las dos que vimos. No estaba el río demasiado rebosante de actividad, pero es lo que tiene el campo (incluso el campo urbano), que cada día es diferente...

El único "perjuicio" derivado del proceso de renaturalización, para mí, ha sido que hemos pasado de contar las gaviotas por centenares a contarlas por decenas, pero creo que eso es algo con lo que puedo vivir...

Dominaban ayer en proporción las reidoras sobre las sombrías Larus fuscus, como esta, que se desayunaba con los restos de un pescado. No tuvimos la suerte de ver ninguna anillada...

... pero sí de sorprender entre las demás (no era tan difícil, visto que no eran tantas) a este primer invierno de gaviota cana Larus canus que aparentemente lleva aquí toda la temporada. Una especie de gaviota no muy frecuente en España, pero que los últimos inviernos se deja ver puntualmente por las aguas capitalinas.

... Y ya para recordarme que va siendo hora de seguir con la maleta, os pongo un par de gansos del Nilo Alopochen aegyptiacus, especie africana que cada vez está más asentada en el centro peninsular, contándose ya por centenares las parejas que anidan en embalses extremeños. Una pareja sacó adelante (creo que) siete pollos el año pasado aquí en Madrid-Río, y ayer Al y yo contamos doce ejemplares. Si Dios quiere, en breve estaré también viéndolos pastar en el campo de deporte de frente a mi residencia... que me sea leve el avión.