miércoles, 24 de mayo de 2017

Asuntos espinosos

 En la residencia en que estoy estos días (al menos estos días, tal vez todo el año... ya os enseñaré fotos) esta todo muy limpio y no hay cucarachas... cucarachas no, pero grillos Acheta domestica como los que le dábamos a las lagartijas sí. Y parecer, parecen más limpitos que las cucarachas... pero cantan. Así que cada noche desahucio algunos por la ventana, esperando que se los coma alguno de los fiscales que abundan por el campus.

 Me encontré a este otro primo suyo hoy al volver de la facultad a casa, aposentado en medio del camino. No me importaría que se lo comiese un fiscal, pero sí que lo pisase alguien, de modo que me lo llevé de paseo un rato. Era mucho más vistoso que las langostas que tenemos en Europa; me encantaron las espinas de las tibias traseras, como mojadas en sangre...

 La que me temo ya no tenía sangre era esta avefría armada Vanellus armatus, que también me encontré junto al camino, en uno de los campos de cricket. ¡Qué pequeños lucen los bichos de cerca! Nada que ver cuando se las ve corriendo por la hierba, que casi parece que miden igual que una gallina.

Lo de "armadas" les viene por la espina que protruye de la articulación carpal (la muñeca, vaya), que tienen esta y otras especies de avefría, y que emplean para hacerse pupita cuando se pelean a aletazos, o si le quieren dar un repaso a alguien que se les acerque a los nidos.

Ya veis: ha tocado "safari" hoy. Por la mañana conseguí hacerme ya con un número de móvil, y el resto del día he estado preparando una presentación sobre mí y lo que he hecho en mi vida investigadora; no han perdido el tiempo, a la hora de pedirme que diese un seminario, ya veis. Mejor: al menos así teniéndolos a todos en una sala podré hacerme con las caras. Con los nombres, ya veremos...

martes, 23 de mayo de 2017

Hadadas madrinas

 Si bien en un principio era mi jefe el que iba a venir a esperarme ayer al aeropuerto, a última hora me avisó de que, por tener que asistir a un funeral en Ciudad del Cabo, no podría venir; y que mandaría alguien en su lugar. Esas "alguien" resultaron ser Klinette y Netanya, dos estudiantes de último año que pasaron el resto de la tarde enseñándome los distintos edificios del Campus que me podrían interesar (y que olvidé enseguida), presentándome a todo el mundo con que nos íbamos cruzando por el Departamento (me he olvidado de todos), y llevándome a sitios donde poder comprar algo de comida y cosas varias, para comenzar a instalarme (sería incapaz de saber llegar hoy); y terminaron invitándome a cenar, cosas todas ellas que les agradezco por escrito, sabedor de que seguramente jamás lleguen a leerlo. Hoy, a base de ensayo y error, he comenzado ya a moverme por mi cuenta, y a intentar establecerme en la ciudad: se me fue casi toda la mañana en abrir una cuenta corriente, intento que coroné con éxito; pero se me acabó luego la suerte cuando intenté conseguir un teléfono móvil y el Vodacom al que acudí siguiendo las indicaciones de Google resultó ser la sede de as oficinas de la empresa, y no una tienda. Resultó luego que había una dentro del propio campus y que el Maps no me indicaba, pero ya quedará para mañana...

Y entremedias de tantas idas y venidas, sigo tachándome pájaros a buen ritmo (pero con disgusto, porque me da vergüenza pararme y ponerme a dar saltitos o a seguirlos de un lado a otro, como haría en España; qué apuro, estar así a cada paso), y disfrutando de los que ya me había tachado ayer. Bichos como el ibis hadada Bostrychia hagedash de la mala foto de móvil de arriba, que se paseaba por la hierba junto a la acera como una paloma, y que vuelan en ruidosas bandadas al caer la noche sobre mi residencia, repitiendo sin cesar su grito onomatopéyico, camino del dormidero que tendrán en alguna parte... tantas cosas por descubrir e ir asimilando que veremos si me da tiempo a lo largo de la postdoc. Igual tengo que dejar de ir a currar...

lunes, 22 de mayo de 2017

Precediendo a los alcaudones

Hola a todos: desde mi habitación de la residencia universitaria donde me quedaré al menos los primeros días os escribo ya; muerto de sueño, la verdad. Que el viaje fue muy largo y pesado... pero muy entretenido también.

De aquí, con una explicación muy buena además
Al mirar en la pantallita de los aviones de Turquish Airlines el desarrollo del vuelo, que iba quedando marcado con un trazo verde a medida que nos movíamos, pensaba en los mucho que se parece a los mapas que se generan con los datos de seguimiento de aves por satélite; en concreto a los datos de la ruta que siguen el alcaudón dorsirrojo y el alcaudón chico, que atraviesan primero el Mediterráneo de oeste a este antes de bajar directos al sur de África. No vi gran cosa durante los dos vuelos largos, que me tocó en el pasillo; a mayores de que la noche no ayuda mucho. Vuelos largos y agotadores, pero al menos los aviones eran cómodos: con su comida a bordo, almohada y manta incluidas; y su pantallita individual con películas, series... y el Corán. Me quedé con las ganas de estrenarme pisando tierra asiática durante la primera escala, pues el Aeropuerto Internacional Atatürk cae del lado equivocado de la Canción del Pirata. Me pareció de lo más marciano que nos dieran de cenar otra vez en el segundo avión, en el que salimos de Estambul a Johanesburgo ya a las doce y media de la noche; y más extraño aún que a muchos les diese por comer de nuevo, a tales horas...
Dormí muy poco en el avión, la verdad; nunca duermo ni mucho ni bien en autobuses y cosas así, y tengo bastante envidia de los que son capaces de pasarse tales viajes roncando de cabo a rabo. Cerré a ratos los ojos mientras cruzábamos el Mediterráneo camino de Egipto, y pasé luego mis buenas horas en un estado más de alelamiento que de inconsciencia hasta que llegamos a la vertical del Victoria. Llegando a Johanesburgo, un nerviosismo nuevo, y sano, vino a relevar al "dolor de tripa" con que llevaba desde el domingo por la mañana: el ansia por saber cuál sería la primera especie avistada al sur del Ecuador. ¿Sería algún bimbo, o por el contrario una especie introducidísima, un gorrión o paloma? Finalmente, en Johanesburgo no llegué a identificar nada más allá de género, mal que me pesase; y tuvo que esperar la resolución de la duda hasta que llegamos a Bloemfontein, cuando un alcaraván de El Cabo Burhinus capensis alzó el vuelo alarmado al maso de nuestro aparato... seguido de cerca a ras de suelo por otra asustada mangosta amarilla :-) Bien estuvo eso de iniciar a la vez con bimbo las listas de aves y de mamíferos. Y desde entonces hasta ahora, un día lleno de bimbos; y eso que son aves que solo he "visto", que en ninguno de los casos me ha dado tiempo de mirar... en fin: parece que, al menos por este lado, comienza bien la aventura.

domingo, 21 de mayo de 2017

"¡Vámonos p'al Sur!"

Al igual que el año pasado, mi teléfono decide meterme en la agenda sin preguntar el aviso de que toca hoy camiar de continente; al menos luce mejor la imagen del calendario, con las fotos de las ciudades... Nada pues, tras tanto retraso burocrático parecía que nunca me acababa de ir, pero ya me toca ir a Barajas. A contracorriente, según parece; ya veremos si sigue el flujo migratorio inverso dentro de unos meses... en fin. Los pájaros no saben de despedidas, pero los que los estudiamos, sí. Así que ¡adiós, que me voy p'al Sur! Pero en nada nos volveremos a ver por esta paginilla, si Dios quiere... permaneced a la espera.

sábado, 20 de mayo de 2017

Despedytas

Me gustan los juegos de palabras, cambiar la letra a canciones e historias similares que, en mi cabeza, suenan siempre muy graciosas; los que me conocéis (¿o sufrís?) lo sabéis. Si bien la mayor parte de mis ocurrencias hubiera sido mejor no llegar ni a pronunciarlas, con el paso del tiempo compruebo con orgullo cómo algunas de ellas sí han ido prosperando (¿áreas priolitarias?), volviéndose de uso corriente... más o menos. Una de estas creaciones es la palabra "despedyta": una composición de "despedida" + "Edyta", el nombre de una chica polaca que estuvo de estancia en 2014; esta palabra suena de vez en cuando en el departamento cuando toca despedir a alguien y organizar la fiestecilla asociada. Nuestra vida biólogoybecarial está llena de despedidas, la verdad: gente que llega de estancia y que se va, gente que termina la tesis y continúa luego su camino.. o postdocs que aterrizan, y que despegan de nuevo. Y menos de 24 h, no ya de despegar, sino de aterrizar en Estambul, yo sigo de despedytas en el sentido más festivo y emotivo del término: han sido poco más de dos meses de estancia en Madrid, que han sido un regalo de poder ve a mucha mas gente de la que pensaba, y muchas veces. Me marcho a Sudáfrica con la pena sin embargo de que no hayan llegado a tiempo los permisos para muestrear lagartijas con Álex en Lerma. Con pena de no haber podido sacar tiempo para volver por Monfragüe, de que se me haya quedado gente por ver, de que pude haber aprovechado mejor el tiempo de trabajo que pasé en la facultad (aunque esa pena la llevo mejor...), etc. Con pena de volver a marcharme, vaya, tampoco voy yo a engañar a nadie. Pero con el consuelo, ya comprobado tras mi regreso de Dijon, de que cuando termine en Sudáfrica vais a seguir esperándome aquí con las mismas sonrisas, con las mismas ganas... así la verdad duele menos irse. O no: me temo, ¡ay! que duele casi más... culpa vuestra.

jueves, 18 de mayo de 2017

"Estás fuera de sitio..."

 La vi de pronto, alguna de las veces en que bajo con Álex a fumar: reclinada contra los muros de la facultad que durante un par de meses he podido volver a llamar "mía"; sola y cabizbaja...

 ¿Qué hace una crucífera como tú, en un sitio como este? ¿De dónde salen las berzas madrileñas solitarias? Siempre en lugares marginales recordando a esos yonkis que vagan sin rumbo mientras mascullan por lo bajo, con la mirada perdida; si es que tuviesen ojos y capacidad de desplazarse, claro. ¿Por qué viene a cruzárseme en la semana en que no me querría acordar ya de Galicia, sino solo pensar en el Free State...?

miércoles, 17 de mayo de 2017

Visado en mano / Antón volando

Tras tanto tiempo esperando ya casi me había olvidado de que, algún día, terminarían diciéndome que ; y ayer me cogió bastante de sorpresa el correo de la Embajada en que me informaban de que ya estaba mi visado listo para recoger. Salí hoy de allí con una pegatina en el pasaporte que me autoriza a trabajar como postdoc en la UFS por un máximo de dos años, y algún tiempo más tarde tenía ya los billetes: este domingo me voy, sin fecha de vuelta de momento. Comienza (otra vez) la cuenta atrás...

martes, 16 de mayo de 2017

San Isidro, San Jordi...

 Ayer, en que me crucé por la calle con multitud de niños sudamericanos y filipinos vestidos con sus trajes regionales típicos (de chulapos, quiero decir, por supuesto), en que me crucé con un viejo, muy viejo y muy de barrio (camisa que le quedaba grande, visera de publicidad, gordito y sentado de lado, con muleta y mal afeitado...), leyendo una encíclica en un banco de la calle; ayer, digo, no fui a la Pradera, que ya me había acercado el domingo con Vero y otros amigos suyos, sino que fui a comprarme libros. Uno, fiándome de la recomendación amiga, espero que me guste; del otro no tengo dudas, pues no he leído aún nada de Waugh que no lo haga. Tuve precisamente estos días un pequeño dilema con Rendición Incondicional: ¿me lo acabo rápido, para dejarlo en Madrid y no cargar con bultos innecesarios cuando me marche, o me lo reservo en cambio para tener algo que leer durante el viaje? Pero a medida que pasaban los días sin visado, y que me iban quedando menos páginas por releer, el dilema se deshizo solo, y salí de la Casa del Libro con el primero que os enlazo, y de un puesto de Moyano con este otro:

Los Seres Queridos, la penúltima novela de Waugh que me queda por leer. Aunque hay ediciones posteriores, españolas, de escasa tirada y difíciles de rastrear; este libro que encontré es en cambio de la primera edición en español, impresa en un Buenos Aires en pleno apogeo peronista treinta años y nueve días antes de que yo naciese. Y no hablo de la "primera edición" con ínfulas bibliófilas y coleccionistas; preferiría que no estuviese tan baqueteado, la verdad, con un lomo que no sé si aguantará ya muchos trotes. Pero es cierto que sus páginas amarillentas, de pliegos mal recortados, huelen, a Historia y a aventuras. Qué bueno es, que un libro te emocione incluso antes de empezarlo...

sábado, 13 de mayo de 2017

Secarrales, humedales y viceversa

O, lo que es lo mismo, un paseo por la "Mancha Húmeda": el conjunto de lagunas que, a caballo entre Ciudad Real, Toledo y Cuenca, rompen un poco la monocromía ocre (que no monotonía) de los terrenos circundantes. Las hay mayores y más chicas, endorreicas o ligadas a cuencas abiertas, de agua dulce, salobre e hipersalina, bien conservadas o hechas unos zorros... un ambiente pues de lo más variado, como variada es toda la biodiversidad que albergan. Y como además quedan casi todas bastante cerca de Madrid, pues ya sabéis, mis seguidores asiduos (los que estáis aquí desde el blog anterior, al menos), que me gusta mucho dejarme caer por allí.

Camino de unos pocos de estos humedales salimos hace una semana Vero, Raquel y yo; yo, convencido de que era ya la última vez que salía al campo antes de irme, y contento de que fuese de nuevo en idéntica compañía. Empezamos la visita por Navaseca, laguna que se nutre del efluente de la depuradora de Daimiel y donde normalmente disfruto más de los bichos que en el propio Parque Nacional.

 No voy a hacer una lista pormenorizada de todo lo que vimos durante toda la jornada, sino apenas de tres o cuatro bichos, escogidos porque me hicieron especial ilusión o porque conseguí sacarles fotos medianamente decentes. Tenía muchas ganas de ver limícolas, pero como ya iba concienciado de que el grueso del paso migratorio prenupcial se había acabado, pues me tomé cada observación como un pequeño regalo. Me gustó mucho pues el grupete de archibebes comunes Tringa totanus que encontramos en Navaseca, muy pintones (y pintados) con su plumaje de cría. Aunque es una especie que se reproduce escasamente en la zona, los que vimos no tenían ninguna pinta de estar asentados allí, sino más bien de ir bastante rezagados en su viaje al norte.

 Todo lo contrario a las canasteras comunes Glareola pratincola, unas "limícolas" de secano con pinta de grandes golondrinas que crían en eriales y otras zonas esteparias de Eurasia y África, aunque normalmente cerca de humedales. Como las golondrinas, se alimentan capturando insectos al vuelo, y marchan a África en invierno. Encontramos un buen grupo de ellas en unos barbechos al sur de Alcázar de San Juan.

 Recorríamos estos barbechos de camino a un lugar donde solo había estado una vez y que, la verdad, no recordaba, pues además habían adecuado los accesos y construido algunos observatorios: las Tablillas del Záncara o Junta de los Ríos: unos prados inundados al sur de la citada localidad, allí donde se une el Záncara al Cigüela (o Gigüela, a ver si se ponen de acuerdo los rotuladores de carteles). Aunque de hecho ambos ríos "corrían secos" camino del Guadiana, la zona sí contaba con agua y verdor, y varias parejas de un bicho que siempre me hace ilusión volver a ver:

Foto de Vero
 El fumarel cariblanco Chlidonias hybrida. Otro visitante estival, como la canastera: un pequeño charrán de interior que cría en nidos flotantes y que se alimenta sobre todo de insectos y pequeñas criaturas acuáticas, capturadas en medio de vuelos de lo más ágil, que no impidieron sin embargo que Vero pudiese ficharlos con bastante solvencia.

 Mis fotos no se le podían comparar, la verdad. Os pongo en cambio este carricero común Acrocephalus scirpaceus, que se movía mucho menos mientras contribuía a ponerle música de fondo a nuestra jornada.

 En esa misma zona, alguien tuvo la buena idea de llenar de cajas nido una nave ganadera abandonada, y entre las muchas parejas de grajilla, paloma y estornino negro, aparecían algunos bichos mucho más llamativos, como algunos cernícalos...

 ... o una pareja de preciosas caracas europeas Coracias garrulus, un bicho que hacía mucho que no venía, y menos tan a gusto.

 No lejos de allí un macho de abubilla común Upupa epops, que tal vez tuviese el nido en la misma construcción, repetía con regularidad su monótono y onomatopéyico canto desde lo alto de una peña.


 Después de comer y de entretenernos bastante con el café, echamos lo que quedaba de tarde en las dos lagunas "típicas" de Alcázar: primero en la de La Veguilla, de agua dulce de depuradora, y después en la contigua del Camino de Villafranca, de agua salada.

Paterío variado, flamencos, gaviotas... un poco lo de siempre, y bienvenido sea. Enseño solo un macho de malvasía cabeciblanca Oxyura leucocephala, para que le echéis un ojo a su bulboso pico azul, un color que desde luego no es el más habitual entre las aves...

 Si bien la laguna del Camino estaba yerma, como de costumbre, con grupos de tarros blancos y de pagazas piquinegras descansando en sus orillas, un pequeño arroyo que desemboca en ella, y que en invierno (cuando más vamos) suele verse pelado, era ahora una pradera verde de juncos de identidad para mí desconocida, entre los que se movía pausadamente, supongo que a la caza del cangrejo, la protagonista (con permiso de la carraca) de la mejor observación del día:

 Una despampanante garcilla cangrejera Ardeola ralloides, el emblema de la SEO en carne y pluma; de nuevo otra especie que tardé en tacharme y que he visto (hasta el sábado pasado) bastante poco, y mal. Compensado queda con creces.

 Y un poco por la tontería de sumar bichos a la lista a ultimísima hora (los cernícalos primilla Falco naumanni de la iglesia del pueblo; perdón por la mala foto, que mala era ya la luz), un poco por rememorar felices días ya lejanos de feliz pajareo, paramos ya anocheciendo a cenar en Tembleque las sobras que nos quedaban de la comida, sentados en un banco. Ya veis que viajamos sin reparar en gastos, nosotros...

Si finalmente esta ha sido mi última salida de campo antes de Sudáfrica, la doy por bien empleada, con buenos bichos y mejor compañía. Mil gracias :-)

miércoles, 10 de mayo de 2017

"Una chusma de cuitados curitas..."

Leyendo en el tren Rendición Incondicional, llegué al fragmento en el que un personajillo un tanto siniestro, con unas ansias de ser reconocido como escritor de vanguardia que aventajan bastante a su capacidad literaria real, juguetea con un diccionario normal y otro de sinónimos, rastreando excitado nuevas palabras de uso limitado que introducir en sus textos y sus conversaciones, "como un buscador de oro a la caza de una veta..." Me reí bastante, y posiblemente en alto (daba igual, que iba el vagón casi vacío); no tanto por lo ridículo del personaje como porque me reconocí a mí mismo, intentando meter "releje" en las conversaciones con calzador, colándoos "acirate" en una entrada sin que apenas viniese a cuento, y deseando que llegue el día de poder utilizar "hastial"...

Tren a Orense ayer, y tren de vuelta a Madrid hoy: visita "de médico" para despedirme de la familia, ante mi inminente partida a Sudáfrica. Bueno, no an inminente: justo hoy (y ya es la segunda vez) me han pedido un pequeño papelillo extra antes de darme el visado... me da que las cajas van a llegar bastante antes que yo. Como es habitual por estas fechas, y más con el ambiente bochornoso, inmóvil, previo a la tormenta; de ayer por la tarde, Orense olía mucho a flor de xesta: un olor que enseguida me hace pensar en los maios. "Pra min non hai maio / Pra min sempre é inverno"... al invierno sudafricano llegaré de cabeza, sí; pero maio, lo que se dice mayo, ya estoy teniendo más del que pensé que iba a tener.

lunes, 8 de mayo de 2017

Salir al campo

 No tienen buena fama en el refranero, las puertas del campo; pero desde aquí quiero romper una lanza por ellas: para poder salir al campo, supongo que es necesario que haya una puerta por la que hacerlo...

 Ridícula me pareció el lunes pasado, como en mis anteriores visitas, la Puerta de la Fuerza; y no ha sido hasta ahora mismo en que me ha dado por verla con otros ojos, al revisar las fotos de la última salida que hicimos al entorno de Sepúlveda, con sus tejas a la segoviana coronando las casas enlucidas, y con la piedra caliza deshaciéndose poco a poco al sol en sus muchos edificios históricos.

 El más conocido de ellos, San Frutos, asomado desde hace siglos a los meandros del Duratón. Del monasterio no os voy a poner más fotos hoy, que de una ya lo he hecho muchas más veces, y de otra el 1 de mayo estaba la zona tan hasta arriba de gente que se disfrutaba desde cuanto más lejos, mejor.

 Sí os pondré para compensar alguna foto de los pajaretes de la zona, como esta tan brillante de un colirrojo (negro como un) tizón Phoenicurus ochruros, que queda tan bonito decorando estos cortados naturales como los tejados de las casas gallegas.

 O este alcaudón común Lanius senator, que como depredador impenitente que es hace caso omiso de las numerosas arcéstidas del enebro de la miera desde el que escudriña el suelo del tomillar. Eso que se llevarán los zorzales, cuando vengan desde el norte en invierno...

 Mañana lejos de la villa, y tarde rodeándola al lado de sus cursos de agua, disfrutando de la sombra que dan a casi todo el camino los chopos y los cortados rocosos.

 Y parándonos a ver las plantas que medran sobre esos propios cortados, o sobre esa extensión de los mismos que son los muros de las casas sepulvedanas. Este año os enseño un Chaenorhinum origanifolium, que creo que no lo he sacado antes por aquí...

 No puedo decir lo mismo, claro, de las lagartijas colilargas Psammodromus algirus: de esas bien sabéis ya casi todo lo que se puede saber. Y más que os hubiese dado la lata con ellas este año, si hubiesen llegado los permisos a tiempo y hubiese podido ir con Álex de muestreo a Lerma... dichosa vida del investigador: cuando por fin consigue dinero, son los permisos los que dan problemas; y nunca parece marchar nada del todo bien.

 Bueno, un último herpeto para cerrar el catálogo de bichos del día: una ranita de San Antón Hyla molleri que se entretenía ensayando un número circense encaramada a unos juncos.

Salir al campo... qué reconfortante es. Y cuánto más en buena compañía.

domingo, 7 de mayo de 2017

"¡Me voy, me voy! / ¡Si me hablas ya no estoy!"

En algún momento acuñamos Álex y yo el término de "conejismo", haciendo referencia al Conejo Blanco, para indicar el estado de ánimo en que a uno se lo comen las prisas (prisas "mentales", y no necesariamente reales) y todo lo quiere hecho para ayer, y a resultas de eso uno va dejando mil cosas empezadas y ninguna terminada, haciendo de cada día un monumento a la ineficiencia... Hay en el Escritorio del ordenador dos carpetas de fotos de sendos viajes esperando a que escriba entradas aquí con ellas, tengo en Borradores varios correos apenas incoados, tengo en la facultad una lista de "Cosas para hacer" con los epígrafes UCM / Dijon / Sudáfrica donde apenas sí hay alguna palabra tachada... y tengo tres cajas en el salón a medio llenar. Tres cajas (mi vida cada vez abulta menos) que voy a enviar a Sudáfrica (la recogida está ya programada) puede que aún antes de saber cuándo me voy yo, pues se supone que mañana deberían llamarme de la Embajada para darme el visado (y acto seguido yo comprar el billete para "ya"), pero solo se supone... en fin. Igual contrato una cuarta caja y me meto dentro, que lo mismo llego así a Bloemfontein con menos quebraderos de cabeza...

miércoles, 3 de mayo de 2017

Tan madrileño como cualquier otro...

 Cinco añitos cumple este mes EMNMM, y esperemos que nos dure muchos más, que los contenidos de categoría que siempre incluye (y no lo digo por mi sección) bien merecen tan buen soporte. Puede que a la vuelta de los años los osos vayan recolonizando España y acaben por asomar de nuevo las orejas por la Sierra, como hicieron los lobos hace unos añitos; entonces tocará escribir sobre ellos, madrileños de pro, de capa y escudo. Mientras tanto tiro este mes también de mamíferos, que aunque no se comparen en porte al plantígrado no desmerecen en nada el espacio que se les dedica. Espero que os guste.


martes, 2 de mayo de 2017

Una dama británica, y algunos cuadros más

Wikifoto
 En la segunda mitad de este largo puente ya hizo sol y pude salir al campo, pero como el domingo amaneció de lo más desapacible, recuperamos mi hermano y yo la antigua tradición de darnos una vuelta por algún museo. Y por decisión suya, sustentada no sé muy bien en qué (pero ¿por qué no?) acabamos en el Lázaro Galdiano.

Flickifoto
 El museo ocupa el palacete del barrio de Salamanca que se hizo construir el coleccionista de arte del mismo nombre, que vivió a caballo entre los S. XIX y XX. Uno de los primeros edificios de Madrid en tener agua corriente, luz eléctrica... y ascensor, que seguía funcionando y es de las cosas que más me llamó a atención...

 ... pues la colección de arte en sí tampoco me llamó demasiado la atención. Claro, es lo que tiene, de una saber poco, y de otra tender a compararlo todo con el Prado. Y estos "museos menores" de Madrid tienen cuadros de segundones, o cuadros de segunda de los pintores de primera (cuando no directamente "atribuibles al taller de Menganito"); y en comparación con el Prado pues salen mal parados. Cuando por ejemplo en Orense venderíamos muchas colecciones de la Diputación por tener una pequeña parte de lo aquí expuesto... en fin. Me gustaron sobre todo algunos retratos: el de la reina Ana de Austria, de Alonso Coello, por ejemplo...

 ... pero sobre todo varios retratos del XIX, como este de Gertrudis Gómez de Avellaneda de uno de los (numerosos) Madrazo.

 Y el que más, este anónimo de Harriet Arbuthnot. Nos contaba la guía que los ingleses de la época pintaban a sus mujeres así, "al natural", sin joyas ni grandes ropajes, insinuando así que ellas solas se bastaban para dar lustre al cuadro. No opino de los otros retratos coetáneos de la colección, pero al menos este sí me parece que concuerda con la afirmación...