martes, 17 de enero de 2017

Gan-soso (¡Belga, hombre!, III)

Álex y yo dedicamos el domingo 27 de noviembre al monte, porque ya el sábado habíamos estado en la costa, en dos sitios: comenzamos la mañana visitando el parque natural del Zwin, justo al norte de Brujas y ya en el límite con Holanda.

Aparentemente, en el S. XII una tormenta considerable ensanchó el estuario del Zwin de forma notable, excavando una especie de canal que, penetrando tierra adentro, de repente dio salida al mar a la hasta el momento aislada por agua ciudad de Brujas, y contribuyendo así a su desarrollo económico. Con el devenir de los siglos el canal se fue colmatando y perdió su uso como vía de tráfico martítimo, manteniéndolo en cambio como zona de tránsito e invernada de multitud de aves acuáticas.

Durante un fin de semana anterior en que Andrea había ido a ver a Álex desde Berlín, ambos habían visitado ya la zona, y me hablaban maravillas de la cantidad de gansos que allí había. Los Países Bajos tienen justa fama como zona de invernada de varias especies de ánsares, que se juntan allí por centenas de miles; y tenía yo ganas de ver así, a mogollón, esas especies escasas que en España he visto sólo una o dos veces, como el campestre o el piquicorto, o tal vez incluso intentar tacharme el ánsar chico... Y la verdad es que, al comenzar la visita, no parecía que hubiese mucha ganso por allí; pero también es verdad que empezamos por la zona del estuario y de la playa, y no por la de praderas y agua dulce.

Y empezamos a sumar especies, las típicas del mar del Norte en invierno: archibebes comunes, vuelvepiedras, avefrías, chorlitos grises... y salimos del estuario a la playa, a probar fortuna con los escribanos nivales (que me hubieran encantado) o las alondras cornudas o pardillos piquigualdos (con los que me hubiera vuelto loco). Y ni unos ni otros, pero para compensar, sobre el pequeño muro de la imagen se alimentaban unos cuantos correlimos oscuros Calidris maritima, especie que hacía ya tres años que no veía. Poco los pude ver yo, y menos Álex, pues de la nada apareció un simpático chucho que decidió que sería muy bonito verlos volar... gente, no soltéis los perros en la playa: cada vez hay menos sitios donde las aves pueden descansar tranquilas, ahorrando las calorías que tanto cuesta ganar en invierno.

Nos dimos otro paseo largo por una zona de dunas estabilizadas, recubiertas por completo de vegetación, entre la que no faltaban muchas matas de espino de mar, una especie que me trajo recuerdos de las playas de Suecia. Estaban las dunas hasta arriba de mirlos y pinzones vulgares, pero ni rastro de alguna otra especie más escasa...

... así que fuimos derivando hacia el interior, donde nos dimos de bruces con otra "especie" norteña asociada a otra de las estancias de mi tesis: un hato de vacas escocesas, que se daban un aire a bisonte, paciendo entre los robles.

Y ¡por fin!, a medida que íbamos cerrando el círculo para volver al coche, llegamos a la zona de praderas encharcadas de la reserva, donde se supone debería estar el mogollón de gansos. A medida que nos acercábamos ya se les iba escuchando graznar, y pequeños grupos alzaban de tanto en cuanto el vuelo para ir a posarse algo más allá...

... pero me temo que, ¡ay!, me llevé una pequeña decepción, porque "pequeños grupos" es todo lo que vimos. Pequeños grupos de ánsares comunes y caretos Anser alfibrons como los de la imagen, y de barnaclas canadienses y cariblancas... bueno, menos da una piedra; y aún nos quedaba la tarde para intentar sumar más especies interesantes, algo más al oeste.

lunes, 16 de enero de 2017

"Lejos" con cuervos

Así amanecimos ayer en Dijon, con la nieve haciéndonos una visita unas horas más larga que las anteriores de la misma semana. Tuvimos un día de "lejos" de Brueghel, o de cualquier otro de esos pintores que le gustan a Ángel: cielos grises, blancos con textura, árboles sin hojas que parecen hechos de humo o de vapor... y tres o cuatro cuervos (bueno, cornejas. Y grajas) suspendidos de las nubes de tela, como los ángeles en un belén. Hasta que, naturaleza en directo, una de las cornejas descubre un azor reposando en una rama y, graznando a rebato, se une con las demás para atosigarlo y echarlo lejos, sembrando de paso el pánico entre las palomas, que ven salir de entre las ramas a la serpiente antigua, que todavía desperezándose y perseguida por cinco o seis sombras coléricas a mayores de la propia, pasa volando a apenas unos metros de mi ventana, girando la cabeza para mirarme a los ojos mientras sacudo las sábanas...

domingo, 15 de enero de 2017

Aniversario mostacero (XI)

Otro mes en Dijon, y ya van once. Un aniversario más, que me pilla refugiado en casa, escapando del frío de fuera; pensando en cuándo volverá la primavera, en el día en que las oscuras golondrinas desandarán el camino recorrido, retornando de su exilio africano. Pensando en los gatos que recorren las azoteas de Alcalá con Gran Vía, mirando desde arriba a sus tocayos. Pensando en los abuelos de los gatos que vendrán...

sábado, 14 de enero de 2017

Cadáver exquisito

Atrapado en el hielo del río al que cayó...
No es lo más frecuente que Twitter bulla con un hashtag obra de algún biólogo en acto de servicio, pues en general somos gente ocupada ("en general"...). Pero como además también somos gente ocurrente, cuando esto sucede el resultado suele ser maravilloso. Lo fue hace unos meses, cuando la etiqueta #fieldworkfail acumuló gran número de historias esperpénticas ocurridas a la gente durante el trabajo de campo, a cada cual más divertida; y está volviendo a serlo desde el pasado día 10, cuando a la voz de #bestcarcass la gente está compartiendo un montón de fotos de ¡animales muertos!, lo creáis o no, la mar de interesantes...

 Algunas simplemente ilustran escenas de la "vida" después de la muerte de lo más normales, pero el contenido y la composición de la foto hacen que, como esta imagen de un sapo muerto devorado por escarabajos acuáticos, resulten extrañamente atractivas.

 Pero muchas, a mayores, invitan a imaginarse la historia que tienen detrás. Este caribú, por ejemplo, congelado sobre sus cuatro patas después de morir y del que una serie de carnívoros desconocidos parecen haberse ido sirviendo...

 O este uapití, cuya imagen mental de sus últimos momentos no podría trasmitir mayor angustia...

 Hay una buena cantidad de imágenes bastante graciosas, como ésta de una pitón... viva. Porque el cadáver está dentro: es la mangosta que el investigador estaba estudiando, y que pudo localizar porque el collar de radioseguimiento que llevaba seguía emitiendo señales desde el vientre del reptil...

 Y, por fin, hay un montón de imágenes cautivadoramente bellas, de motivos que parecen más la obra consciente de un artista que el fruto de la pura casualidad y el devenir del tiempo sobre un cadáver. Esta araña muerta y recubierta de moho, por ejemplo, todavía colgada de su tela...

 Esta cabeza reseca de oso negro, con un espantoso aspecto de ídolo africano...

O esta bellísima imagen de un puma en la saguas someras de un lago, una Ofelia al natural, la pura imagen del descanso eterno...

Ea, ya os he dado para horas de entretenimiento. Siempre que este tipo de cosas no os revuelvan las tripas y os gusten tanto como a nosotros, claro.

viernes, 13 de enero de 2017

"Alpinismo" valón (¡Belga, hombre!, II)

A tiro de piedra de la ruta cuyo recorrido os mostré en la entrada anterior, muy cerca ya de la frontera con Alemania, había una explanada; y en medio de ella una torre con una antena de radio y una cafetería.

Y detrás de la cafetería, un pequeño montículo coronado por una torre más pequeña; de exactamente seis metros, a la que se accede por unas escaleras. Escaleras que suben exactamente a "nada", pues el montículo no tiene más ciencia ni tesoros ocultos que los que veis en la imagen.

Pero ¡que no os engañe la cara de "¿y esta mierda...?" de Álex!, pues en realidad está haciendo alpinismo de alto nivel en un lugar la mar de turístico, pese a lo desangelado que pueda parecer. Pues, señores, lo que muestro en estas fotos es la cumbre (aunque la "cumbre" sea una llanura, pero bueno...) de la montaña más alta de Bélgica, que se alza hasta alcanzar los vertiginosos 694 m snm, a seis metros apenas de cambiar de centena...

... Precisamente para eso, seguro que ahora lo habéis supuesto, sirve el montículo: para que uno pueda en territorio belga poner los pies a 700 metros de altura. Y la cabeza ya según lo alto que sea uno...

miércoles, 11 de enero de 2017

En lo alto de los Bajos (¡Belga, hombre!, I)

Hace ya tanto que volví de Bélgica, de visitar por segunda vez a Álex justo antes de que se volviese de su estancia, que seguramente ya ni os acordéis... Pero visitamos sitios bonitos y vimos bichos chulos, así que merece la pena que dedique unas cuantas entradas a comentar lo sucedido en aquel fin de semana...

... y empiezo por el final, por el domingo, en que fuimos a dar una vuelta por el Parc Naturel Hautes Fagnes - Eifel, en la provincia de Lieja, en el extremo SE de Bélgica; que se continúa al otro lado de la frontera alemana en otra reserva de igual nombre. La principal relevancia natural de la zona es su carácter "montañoso"; o al menos todo lo montañosos que llegan a ser los Países Bajos. Tiene así varios bosques medianamente naturales, cortados rocosos y, en una región que no es precisamente árida, es además de las zonas más lluviosas, con lo que hay agua un poco por todas partes: ya sea corriendo por multitud de arroyuelos que se despeñan a veces en cascadas como la de Bayehon, que con sus nueve metros es la segunda más importante de Bélgica...

... ya anegando zonas llanas para formar turberas y otros páramos ("fagnes") donde viven muchas especies que no se encuentran en ningún otro punto de ese pequeño país. Y aunque, la verdad sea dicha, no recuerdo ninguna observación notable de ese paseo...

... no por ello quiero decir que no hubiese muchas cosas bonitas que mirar; sobre todo a nivel del suelo. Últimamente la diversidad de especies y, sobre todo, de texturas que encuentra uno en las alfombras de musgos y otros lechugoides afines me tiene fascinado.

No sé, tal vez acabe incluso comprándome alguna guía de briófitos y de líquenes. Aunque seguro que es únicamente una fase transitoria asociada a mi vida en el norte, que se me pasará en cuanto vuelva al secarral mediterráneo.

Y digo "secarral" no en tono despectivo, ni mucho menos; que me conocéis y sabéis que disfruto con el calor. Pero reconozco que, de vez en cuando, disfrutar un poco del otoño norteño tampoco está tan mal...

lunes, 9 de enero de 2017

Ratones coloraos

¿Estará al otro lado, la próxima postdoc...?
BiólogoyBecario ya ha vuelto a Dijon.
Y como apenas le quedan dos meses
está ya buscando el siguiente escalón...



(Gracias Andrea por la foto ^^)